martes, 26 de octubre de 2010

Reseña de Manon Lescaut, del Abate Prevost, por Federico Montalbán López


Manon Lescaut y el renacer del amor romántico


Reseña de Manon Lescaut, del Abate Prévost.


 Me pregunto quién inventó el corazón humano. Dímelo, y muéstrame el lugar donde lo ahorcaron. La cita es de "Justine", de Lawrence Durrel. No es por señalar a nadie pero el Abate Prévost es considerado por muchos como uno de los responsables del renacimiento del amor romántico en en el mundo occidental. No fue el único pero sí de los primeros. Su novela "Manon Lescaut", publicada en 1731, precedió a la "La nueva Eloísa" de Rousseau, "Rojo y negro" de Stendhal, "Noches blancas" de Dostoievski o "Madame Bovary" de Flaubert. En todas ellas aparece el amor romántico como en la novela de Prévost: apasionado y fatal, enfrentado a la razón, dueño y señor del destino de los personajes, fuente sin fin de desgracias. 
             

            La patética historia de amor comienza cuando el caballero Des Grieux,  un joven de familia ilustre y de conducta tranquila y morigerada, acaba sus estudios de filosofía y decide volver a casa de sus padres. La noche antes de hacerlo, conoce a Manon Lescaut y cae rendido a sus pies. La posibilidad de presentársela a su familia y empezar una relación de pareja pública y libre es descartada. Están en la Francia del siglo XVIII. Deciden huir juntos dando inicio a una serie de episodios que irán desde la infidelidad hasta el asesinato, pasando por la ruina económica, las trampas en el juego, la cárcel, la prostitución y el proxenitismo, el exilio a Nueva Orleans... Las desgracias se suceden a tal velocidad que no hay quien deje de leer.
            Como novela, Manon Lescaut es ejemplar y entretenida. Quien la lea puede encontrar en ella casi de todo: desde reflexiones sobre la moral de la época hasta el frenesí de acontecimientos dramáticos ya enumerados. Es uno de esos clásicos de lectura atractiva y ágil. El mismo Abate Prévost cita a Horacio en una Advertencia del autor para decir, más o menos, que no se cuente en quinientas páginas lo que se puede contar en cien. Y bien que se aplica el cuento. Además de los méritos literarios de la narración, los que cuentan de verdad, merece la pena reflexionar acerca de la idea de amor romántico desencadenada por la novela.
            El amor entre el Caballero Des Grieux y Manon Lescaut sienta las bases del paradigma del amor romántico que todavía nos domina,  un amor que...
            ...es divino: pero no fuera el amor una divinidad si no operase a menudo tales prodigios. Cuando los amantes piensan que el amor es divino, no hacen otra cosa que dejarse llevar por aires de grandeza. Mi amor es divino. Amo como un dios. También eluden toda responsabilidad. No son ellos los que deciden cómo vivir el amor sino el amor el que parece manejarlos a su antojo, como un marionetista cruel jugando con dos muñecos. Sin embargo, más que un producto de los dioses, el amor es un producto de las personas, construido a base de modelar e interpretar humanamente los impulsos de la naturaleza. Una prueba a esta afirmación se puede encontrar en la respuesta a la siguiente pregunta:  ¿Acaso no nos han enseñado estas novelas, las películas y las teleseries cómo debemos enamorarnos y amar?
            ... es revolucionario. En aquel instante me sentía resuelto a sacrificar por Manon todos los obispados del orbe católico. Según el sociólogo Francesco Alberoni, uno se enamora cuando no está satisfecho con lo que tiene y quiere, de forma consciente o no, darle un vuelco a sus expectativas. Quizás el caballero Des Grieux sacrifica con gusto los obispados porque es algo que, en el fondo, no quiere. La revolución del amor es pequeña, cosa de una o dos personas (quizás tres) pero que, sumándose una a otra, puede provocar importantes cambios sociales. Las mujeres ya no van acompañadas de dote para compensar la carga y el matrimonio homosexual es ley.
            ...es implacable. Cuando alguien se enamora, es capaz de superar cualquier dificultad con tal de estar con la persona amada. Así lo explica el mismo caballero Des Grieux cuando las cosas se les ponen feas en Nueva Orleans: No obstante, perseveré en mi propósito de mantenerme hasta el fin dentro de la mayor moderación, decidido, en caso de que persistiera en la injusticia, a ofrecer a América uno de los espectáculos más sangrientos y horripilantes que jamás el amor haya podido ocasionar.
            ... es sádico. A pesar de verlo claro (Preveo que por ti voy a perder mi reputación y mi fortuna. Leo en tus bellos ojos mi destino; pero tu amor bastará a consolarme de  todas mis pérdidas.) Des Grieux persevera en su amor. Claro que una cosa son las necesidades del contador de historias (¿quién quiere leer una historia en la que todo sea dicha y felicidad?) y otra es que las personas se empeñen en mantener amores desgraciados. A veces, es necesario distinguir realidad de ficción.
            ... es superior a la vida. A los amantes, llevando al paroxismo el sadismo anterior, les gusta coquetear con la muerte. Morir si no me devuelves mi corazón, le dice Manon a Des Grieux. En la novela de Prévost no se llega a extremos bárbaros como en otras. En "Rojo y negro", sin ir más lejos, la señora de Rênal perdona a Julian que le pegara dos tiros porque lo hizo por amor. La frase de Manon ha sido retorcida a lo largo de los años y ha tomado variantes terribles como: Te mataré si no me amas.
            ... es asimétrico. Si Manon hubiese sido fiel, a buen seguro que yo, de temperamento apasionado y constante, fuera feliz toda la vida. Rara, por no decir inexistente, es la pareja en la que alguien no sienta que da más amor del que recibe. En la novela esto se pone de manifiesto en el papel secundario de Manon Lescaut. No es que ella le sea infiel, al fin y al cabo él acepta prostituirla, es que durante toda la historia permanece en segundo plano. Manon es amada locamente pero la intensidad de su amor por Des Grieux no llega a estar del todo clara en ningún momento.

A pesar de todo lo anterior, el Abate Prévost no acabó colgado. Aunque su final no fue mucho mejor. Según cuenta Andrea Macía en el prólogo de la edición de Lípari, el autor de "Manon Lescaut" fue encontrado sin vida, aparentemente, en el bosque de Chantilly. Pero, según un rumor que circuló insisténtemente por la época, la muerte se la provocó el bisturí del forense cuando empezó a realizar la autopsia. Un autor con un final a la altura de sus historias. En todo caso, la maldición de Justine se realizó siglos después de la muerte del Abate Prevost, por lo que podemos confiar en que no haya relación entre una y otra.


Federico Montalbán López nació, qué se le va a hacer, en Murcia, allá por 1974. Es licenciado en Veterinaria y diplomado en Educación Social. Desde entonces, ha sido cosas de todo tipo: vacunador de ovejas, peluquero de perros y gatos, escudo humano, ama de casa, educador en barrios excluidos, bloguero... Se dio a la escritura cuando tenía 18 ó 20 años. Primero con boli bic (cristal) verde, después con una pluma Mont Blanc heredada y finalmente con el Word de toda la vida. Ha colaborado con varias revistas y algún que otro programa de radio. Tiene publicada una novela, un ensayo y un libro de cuentos. Recientemente, ganó el primer premio del IV Certamen de cuentos Enrique de Sena. En la actualidad vive en los confines del mundo civilizado con Mercedes y dos gremlins a los que, por descuido, alimentaron después de media noche. Escribe a diario en el blog www. elhombremadecasa.com









1 comentario:

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